domingo, 27 de marzo de 2011

La historia desde la subjetividad

Dicen que la historia es la más bella de las ciencias. No sólo tiene la capacidad de proyectar lo que puede pasar a una cultura determinada, sino que actúa como esas madres que luego de cualquier cagazo nos dicen ¿ves que te lo dije? ¿Ves que tenía razón, cabro guebón?

Así mismo, la historia nos revela los errores del pasado, con lujo de detalle. Da igual la mirada con que se observe, el punto es que la mierda ya está hecha y ocurrió más omenos de tal forma. ¿Objetividad? Filo, no existe, no existió, ni jamás lo hará.

Muchas veces uno entrevista a tipos que son grandes estrellas en sus quehaceres laborales, que ganan mucha plata pero en el fondo sabes que llevan una vida de mierda, triste y gris. Pero hace tiempo que no disfrutaba tanto conversando con alguien que ama lo que hace, que disfruta cada segundo de su difícil e importante oficio: Enseñar. Cultivar nuevos y mejores jóvenes que serán el porvenir de esto que llamamos Chile.

Desde el sur de nuestro país, entre árboles amarillentos producto del otoño que ya nos saluda con sus vientos incesantes, con olor a tierra mojada y perros ladrando como si fuéramos sus mejores amigos, me dispongo a conocerla a ella, Amaranta Dubois, elegida por sus pares como la Mejor Profesora del 2011.

Sus ojos son expresivos, mucho. ¡A cagar! Diría mi padre. Me dan seguridad y felicidad ¿lindos términos, no? Ella muy amablemente me recibe en su casa de madera que de manera abrupta penetró el bosque de la Patagonia. ¿Recuerdan Oro Verde? Algo así para que lo imaginen.



El recibimiento es cálido. Un abrazo apretado y un cortito de vino tinto para capear el frío junto a una tabla de queso de cabra son los comensales de bienvenida.

El largo viaje desde Santiago me tiene muerto de hambre, como por arte de magia adivina mi plato preferido y lo sirve sobre la mesa adornada con sólo un mantel a cuadros rojo y blanco, un servilletero y migas de pan endurecidas.

- La raja, carbonada, mi comida favorita, digo casi extasiado.


- ¿De verdad? Es de ayer pero igual está rica, está calientita, me responde como con cara ¡Este gueon estaba cagao e´ hambre!


Miro a mí alrededor. Un reloj de arena, un viejo televisor Bolocco de los años 80, una máquina de coser, una foto de Matias Catrileo -el mapuche asesinado a manos de la fuerza policial- y un libro de Kropotkin y otro más gastado de Galeano.

Para alguien que siempre vivió en la gran ciudad debe ser difícil trabajar en un lugar alejado de todas las comodidades que comúnmente el “hombre moderno” necesita para desenvolverse. Bueno, eso creía yo hasta que la conocí. Al parecer su cuerpo y mente siempre estuvieron puestos acá, lejos de la loca y delirante vida capitalina. La zorra.


Una vida liberta

Nacida y criada en el corazón de un barrio reconocido como ejemplo de la batalla por la reivindicación social, y consecuente con sus ideales, la población La Victoria, la primera toma de terrenos de América Latina, refleja casi a la perfección el espíritu activo del régimen militar.

Cuando Aracelly era una adolescente combatía los poderes dominantes. De verdad, no estoy bromeando, mientras las más pretenciosas alisaban sus pelos y vestían a la úl

tima moda con estrafalarias vestimentas sacadas de dibujos animados japoneses, ella se convertía poco a poco en lo que actualmente le apasiona, la lucha social.

“Creo que más que ser humano, soy un ser político, y como ser político, estoy consciente de qué las clases que están en el poder. Ellos (poder dominante)intentan borrar nuestra memoria. Y por eso se siguen perpetuando sistemas de dominación. Mi idea es recuperar la memoria histórica popular, la que crea consciencia”.

- ¿Tiene la historia ese poder aún, considerando que la reforma educacional del 2011 dejó la cagada?

- Y si yo no confío en que mi pasión puede cambiar las cosas ¿qué sentido tendría?

- Pero …

- Pero nada, si todos queremos recuperar la memoria histórica popular lo podemos conseguir. Querer es poder viejo, querer es poder.

- ¿Cómo te considerai? ¿exitosa? ¿Cómo te proyectas?

Difícil ah. Pero siempre he querido ser semi perfecta, digamos que me entretiene la estrecha relación que hay entre sensatez y locura. De hecho hasta me calienta un poco.

- Y cómo te proyectas…

¿En cinco años más como me proyecto? Fácil respuesta. Igual de estúpida que ahora y muy bitch, porque jamás encontré a un hombre con el cual mezclar amor y sexo, por qué no sé que es amor y arroces.

- ¿Te has enamorado?

¿Debo responder?

- Si tú quieres….

Entonces no quiero responder, pero creo que no, no estoy segura.


El reloj marca las 18 horas. El sol ya está despidiéndose y Aracelly me invita al jardín. Con una manguera verde comienza a regar las hortalizas, flores y árboles que rodean la morada. Mientras humedece la vegetación la escucho susurrar añejas canciones de Calle13.

No me regalen más libros

Porque no los leo.

Lo que he aprendido,

Es porque lo veo.

Mientras más pasan los años,

Me contradigo cuando pienso.

El tiempo no me mueve,

Yo me muevo con el tiempo.

Soy las ganas de vivir,

Las ganas de cruzar,

Las ganas de conocer

Lo que hay después del mar.

- Calle 13, la vuelta al mundo, le digo sonriendo

- ¿Me estás coqueteando? , contraataca.


Me sonrojo y me alejo. Estar solos en el campo, con vino y lugares sacados de NatGeo, puede volverse un afrodisiaco difícil de controlar. Además todos sabemos el constante manoseo que se dan entre historiadores y periodistas, lo digo en el sentido profesional, claro.


La noche ya se convierte en otro integrante más. Miro el cielo y un mar de estrellas alumbran todo a mí alrededor. Pienso en lo afortunada que es al vivir lejos de los focos de las grandes

ciudades, de los bocinazos, de los gritos desesperados de cinco millones de santiaguinos que están chatos de vivir ahí, en esa verdadera mierda.

- ¿Y tu familia?

- Mi padre murió cuando era una niña y mi madre creo que está bien en la capital. Mis sobrinas están muy bien y los que quiero están conmigo. No necesito rodearme de gente hipócrita para estar feliz. ¿Y tú?

- Esto no es sobre mí…

- ¡Que injusto! ¡Embustero! ¿Qué más quieres saber? ¿Con quién me acuesto? ¿Eso querí tener?

- No, eso es parte de tu intimidad. Cambiemos de tema. ¿Cómo tomaste el galardón por tu labor educativa?

- Bien. Es un premio que tiene gran valor, pero me gustaría que con el dinero que se gasta en esas premiaciones se podría ocupar para comprar libros a comunas pobres, para co-

mprar materiales a los niños necesitados, a cultivar con libros.


Entre vino y vino se me calentó el hocico (y algo más), por lo que le pregunto dónde puedo ir a dormir. Mientras estoy recostado mirando el festín de estrellas fugaces pienso ¡Qué gran vida tiene la Amaranta, que

gran vida tiene. Cierro mis ojos y duermo.

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